lunes, 25 de marzo de 2019

Los hábitos, habilidades y capacidades de la lecto-escritura

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Los hábitos pueden formarse por dos vías: como resultado de acciones y operaciones conscientes, automatizadas durante la práctica, por la adaptación de la actividad a las condiciones dadas o por pura imitación.
Es bien sabido que el hábito es aquello que una persona realiza sin esfuerzo y que es fuente de placer, así el hábito de la lectura y escritura se convierte paulatinamente en habilidad y después pasa a ser una capacidad y todo esto se desarrollan en la práctica de las actividades.
Habilidad: Asimilación de la estructura general de una acción, de los procedimientos que pueden aplicarse en la realización de otras habilidades análogas. Las actividades están ligadas a los hábitos y deben desarrollarse paralelamente (Androvskaia-Lovonstern, 1973). Las habilidades son programadas y reguladas por el hecho de llegar al nivel de desarrollo de capacidades que significa alcanzar una nueva etapa cualitativa.
El aprendizaje de la lectura y la escritura está en estrecha relación con el desarrollo de habilidades de reflexión sobre la lengua, por lo que se hace necesario que la metodología que se utilice para enseñar a leer y escribir facilite que los alumnos tomen conciencia de la estructura de la lengua oral (conciencia de las palabras, de las sílabas y de los sonidos más elementales), lo que va a permitirles poner en relación los elementos de ésta con el código escrito.
La habilidad estará desarrollada cuando se tenga un control consciente y una atinada dirección en la ejecución de las actividades de leer y escribir; la capacidad, cuando se actúe de manera automática, sin que exista un control o dirección y el hábito; cuando las actividades automáticas se han realizado varias veces con el acompañamiento constante de la escritura y la lectura, de tal modo que se haya producido en éste una fuerte necesidad de volver a repetir dichas actividades (la ejecución de tales actividades proporciona placer).
Las habilidades de la lecto-escritura tienen un potencial dinámico que permite generar nuevas construcciones una vez asimilado el modelo básico. También son transferibles por lo que pueden combinarse y reproducirse en condiciones diferentes a aquellas en que se ejercitan los hábitos. La diferencia fundamental entre los hábitos y habilidades radica en la rapidez con que las habilidades permiten producir las unidades de leer y escribir así como su capacidad de transferencia (Antich, 1987).
Actualmente se considera que la lectura y la escritura son capacidades psicolingüísticas que se desarrollan sobre la base de la lengua oral y cuya adquisición implica la reflexión sobre los distintos elementos estructurales de la lengua (sonidos, letras, sílabas…), para lo cual se necesita ayuda y guía. Los niveles de capacidad para la lectura y la escritura son una medida que indica cómo va progresando el alumno en estas áreas, si está por debajo del nivel prescrito en alguna de éstas, puede deducirse que necesita ayuda adicional para mejorar sus habilidades en ellas.
No obstante, entre la lectura y la escritura existe una estrecha relación; son procesos de asociación entre la grafía y el sonido, se basan en un mismo código comunicativo, el código gráfico. Solo que en la escritura se recodifica el habla oral, pero también cuando se escribe, las palabras se pronuncian en el habla interior y esto contribuye a la formación de habilidades de expresión oral.
La expresión escrita es una habilidad de producción que implica la adquisición simultánea de los elementos de comprensión de lectura, pues el estudiante al escribir lee lo que está escribiendo. Razón por la que es necesario introducirla después que el estudiante domina el sistema fonológico de la lengua.

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